“Forma, luz, color, mirar, memoria… pero sobre todo, vivir.

Nos adentramos en la fórmula creadora de André Ricardo”

Maria Dolores Gallego

 

Traer a la memoria propia

algo percibido,

aprendido o conocido,

o retener algo en la mente.

 

Recordar al artista André Ricardo es rememorar muchas sensaciones. Tengo retenida en mi memoria esa emoción de mirar por el gran ventanal situado a mi derecha de la sala del Unibes Cultural, un gran e inusitado edificio de múltiples usos situado en una alta zona del barrio paulista de Vila Madalena, y observar detalladamente una extensa vista del paisaje urbano, de tonos grisáceos y verdes, de São Paulo en una tarde lluviosa de mayo del pasado año (2016). Mientras tanto André nos ofrecía a los asistentes de aquel evento, sobre Percursos Autorais em artes visuais, las claves de su íntimo proceso creativo a través de un fragmento del libro Cartas a um jovem poeta de Rainer Maria Rilke (2001: 25-27), concretamente la carta Paris, 17 de fevereiro de 1903, adentrándonos así en él mismo y explorando las profundidades de donde mana su vida, centrándonos en los pequeños detalles que nos rodean y dejando a un lado los grandes temas universales de la vida:

Procure, como o primeiro homem, dizer o que vê e vivencia e ama e perde. Não escreva poemas de amor; evite a princípio aquelas formas que são muito usuais e muito comuns: são elas as mais difíceis, pois é necessária uma força grande e amadurecida para manifestar algo de próprio onde há uma profusão de tradições boas, algumas brilhantes. Por isso, resguarde-se dos temas gerais para acolher aqueles que seu próprio cotidiano lhe oferece; descreva suas tristezas e desejos, os pensamentos passageiros e a crença em alguma beleza - descreva tudo isso com íntima e humilde sinceridade, e utilize, para se expressar, as coisas de seu ambiente, as imagens de seus sonhos e os objetos de sua lembrança. Caso o seu cotidiano lhe pareça pobre, não reclame dele, reclame de si mesmo, diga para si mesmo que não é poeta o bastante para evocar suas riquezas; pois para o criador não há nenhuma pobreza e nenhum ambiente pobre, insignificante (…) E se, desse ato de se voltar para dentro de si, desse aprofundamento em seu próprio mundo, resultarem versos, o senhor não pensará em perguntar a alguém se são bons versos (…) pois verá neles seu querido patrimônio natural, um pedaço e uma voz de sua vida. Uma obra de arte é boa quando surge de uma necessidade. É no modo como ela se origina que se encontra seu valor, não há nenhum outro critério. Por isso, prezado senhor, eu não saberia dar nenhum conselho senão este: voltar-se para si mesmo e sondar as profundezas de onde vem a sua vida; nessa fonte o senhor encontrará a resposta para a questão de saber se precisa criar.

Un par de semanas después, el flujo de tonos grisáceos del hormigón y rojizos de la pintura, tan característicos de la arquitecta Lina Do Bardi, nos abrumaban y nos hacían desconectar de la gran metrópolis dentro de un microcosmos que alberga ocio, cultura y deportes: nuestro encuentro se producía en el SESC Pompéia de São Paulo. Esta obra clásica de la arquitecta italiana de finales de los años setenta, es el lugar habitual de trabajo de André, además de su estudio o ateliê que se encuentra localizado en otro emplazamiento, ya que es profesor-educador de arte. Aquí él da clases de pintura desde 2014 hasta hoy en día, pero ya con anterioridad ejercía como profesor, concretamente desde 2012, en otras unidades de la red SESC. Otras relaciones profesionales a destacar del artista, es que actualmente es representado por la Galeria Pilar[i] de São Paulo y la galería española Addaya Centre d’Art Contemporani[ii] de Alaró, Mallorca.

André Ricardo (1985, São Paulo) es, a pesar de su juventud, un artista emergente brasileño con una destacable trayectoria y producción artística que no deja indiferente a nadie. Formado en artes visuales por la Escola de Comunicações e Artes de la Universidade de São Paulo (ECA-USP), como podemos indagar en su propia web[iii], ha participado en ferias de arte internacionales (SP-ARTE / Brasil, Untitled – MIAMI / USA e PINTA LONDON / Reino Unido) y en exposiciones, tanto individuales como colectivas, en Brasil, Portugal y España. Pero además, ha participado como investigador en proyectos de investigación en la ECA-USP sobre História, Crítica e Teoria da Arte / Discussões Sobre Arte Brasileira y sobre otros aspectos como Cor e Espaço na Pintura.

Por lo que André Ricardo, dentro del campo artístico y en el mundo en general, desarrolla una investigación rizomática con nexos interconectados entre las identidades o perspectivas del artista/investigador/profesor presentes en una sola persona (cuerpo-mente), trabajando así desde la perspectiva a/r/tográfica (artist/researcher/teacher). Como comenta María Martínez y haciendo referencia a Rita L. Irwin, una de las teóricas que ha desarrollado este concepto:

La perspectiva a/r/tográfica funciona como territorio intermedio, se mueve entre las vocaciones del artista, el investigador y el educador al mismo tiempo por su carácter relacional y colaborativo, aportando así nuevas miradas en torno a la investigación (…) Irwin sugiere que quien integra estos papeles en su vida personal y profesional, provoca la aparición de nuevos espacios o intersticios altamente dinámicos y enriquecedores. El artista, investigador/a y educador/a, se sitúa en esos territorios intermedios con el deseo de realizar una exploración personal de los lugares físicos, espirituales, sociales, a través de un diálogo común. Esta comunicación compleja, intersubjetiva e intrasubjetiva, genera una experiencia estética integrada tanto por el conocimiento, como por la acción reflexiva, como por la propia creación (Martínez Morales, 2017: 121).

Y ese carácter relacional e integrador es algo inseparable en André, como él mismo me comentó, el estudio y las prácticas que desempeña para preparar sus clases de pintura a través de referencias a diversas épocas de la historia del arte oficial, son las que le llevan a los procesos y materiales que emplea para sus propias obras.

La temática constante en sus obras siempre ha sido aspectos de la ciudad donde vive y objetos de su mundo cotidiano dentro del paisaje urbano, algunos de ellos realizados en parques y jardines en la propia ciudad. En este sentido, André a través de su propia creación plantea, mediante la pintura, una traducción visual “dos elementos do espaço urbano por meio da cor (…) seus motivos surgem de aspectos e objetos vistos em percursos pela cidade” (Gonçalves Magalhães, 2014: 3). Dentro de la metrópolis de São Paulo, éste ha sido capaz de modificar su relación con el mundo, con su propio contexto, implicando un entendimiento mejor de su entorno personal, de esos pequeños (o grandes) detalles que le rodean y que muchas veces por nuestro ritmo de vida pasan desapercibidos. Por lo tanto, su búsqueda de motivos comienza por detenerse a mirar aquello que vemos todos los días pero que no miramos.

Esta postura ante la vida y como metodología de su propio trabajo, el artista desde la ventana de su estudio o llevando su caballete a la propia rua [calle] donde la experiencia de la pintura queda en un primer plano, me evoca al visionario Hermann Hesse y su recopilación de artículos y ensayos en Pequeñas Alegrías (2007). Concretamente en un ensayo titulado Ante mi ventana, Hesse responde mediante una carta a un amigo que le aconsejaba regresar a la atractiva ciudad y dejar atrás el aburrido campo. Pero éste con mucho entusiasmo le expresa esos momentos de observación de los que disfrutaba, con más atención de lo habitual, y todo lo que se le ofrecía ante sus ojos simplemente al asomarse a la ventana, que en cambio el traqueteo de la ciudad no le permitía. Así explicaba detalladamente, mediante la palabra, los espectáculos cotidianos que podía presenciar, como André Ricardo nos explica a través de la pintura en sus obras. Porque más allá de las formas:

André Ricardo está interessado na pesquisa da cor, sua materialidade, sua densidade luminosa, sua textura, sua relação com outros materiais e sua constituição (…) A relação de cores é que guarda a memoria de espaço urbano, dos objetos e elementos que Ricardo extrai de seu cotidiano (Ibidem, 2014: 3-4). 

Situarse frente a las obras de André, observarlas con atención, mirarlas… es como permanecer todo el rato contemplando un espectáculo de tonalidades que permutan y campos de color que vibran. Por ejemplo, en sus series tituladas Caçambas (Fig.2), Escavadeiras (Fig.1) e Piscinas [remolques, excavadoras y piscinas], como comenta el curador Ángel Calvo Ulloa (2016), nos recuerdan “no por azar a un Rothko aparentemente menos introspectivo, sino más cercano a la calle”. En estas obras trabaja la relación de estos objetos (cuerpos que contienen y representan un espacio en sí mismos) con el paisaje urbano a través de la memoria (y no desde la observación in situ del propio paisaje como en sus obras anteriores).

Otro elemento destacable y característico de las obras de André es la propia luz, tanto en el itinerario de ella sobre las diversas superficies como al convertirse en el propio objetivo de su pintura. Se trata de un proceso de análisis visual y trabajo pausado, contrario totalmente a nuestro contemporáneo estilo de vida, dónde la prisa se detiene dando lugar a una pintura de larga duración. Además, en el propio acto de realizar la obra se produce una gran tensión entre la representación y la abstracción, manteniéndose así lo que es, para él y sus coetáneos, los pesados lastres entre la relación pintura-vida.

André designa a sus obras pictóricas como arquitecturas de luz, ya que dependiendo de los materiales y superficies utilizados, el atravesamiento de la luz sobre estos cuerpos produce una gran multiplicidad de efectos. La técnica, el soporte y el tipo de luz son cuestiones bien relevantes, ya que crean una imagen y objeto cuya superficie representa el gusto por el color y por la luz. Una representación de la percepción del color del propio pintor, al igual que en la edad media, por “um gosto muito vivaz pelos aspectos sensíveis da realidade” (Eco, 2010: 61), de la realidad espontánea. La inmediatez y la simplicidad, cualidades tan características del gusto cromático de la pintura medieval, son por tanto de total referencia para André, tratándose de un arte que como nos describe Eco:

Joga com cores elementares, com zonas cromáticas definidas e hostis à esfumatura, com a aproximação de tintas vivas, que geram luz da harmonia do conjunto em vez de se fazerem determinar por uma luz que os envolva em claro-oscuros ou façam destilar a cor além dos limites da figura (Ibidem, 2010: 62).

Tanto sus pinturas, como la pintura medieval, nos trasmiten esa alegría por el color, ese gusto festivo por la aproximación de las vivaces tintas y ese entusiasmo por la luminosidad en general y por la luz solar (o artificial). En el fondo, como las proyecciones coloridas que provocan las vidrieras en el interior de las iglesias góticas, sus obras son constituidas en función de cómo irrumpa la luz en ellas. En este sentido, basándose en escritos de los eruditos Roberto Grosseteste y São Boaventura, teóricos de los siglos XII y XIII, Eco (2010: 69) nos habla de la luz (física y metafísica) como el principio de toda belleza, porque:

Através dela, cria-se a diferenciação das cores e das luminosidades, da terra e do céu. Com efeito, pode-se considerar a luz sob três aspectos. Como lux ela é considerada em si misma, como difusividade livre e origem de todo movimiento; sob este aspecto ela penetra até as vísceras da terra, formando os minerais e os germes de vida, levando às pedras e aos minerais a virtus stellarum, que é, precisamente, obra de sua influência oculta. Como lumen ela possui o esse luminosum e é transportada por meios transparentes através dos espaços. Como color ou splendor ela aparece refletida pelo corpo opaco contra o qual se chocou; de esplendor falaremos, estritamente, a propósito dos corpos luminosos que ela torna visíveis, e de cor a propósito dos corpos terrestres.

A cor visível nasce, no fundo, do encontró de duas luzes, a incorporada pelo corpo opaco e a outra irradiada através do espaço diáfano; a segunda põe em ato a primeira. A luz no estado puro é forma substancial (força criadora, portanto, de tipo neoplatônico); a luz enquanto cor ou esplendor do corpo opaco é forma acidental (assim como o aristotelismo tendia a pensar).

Esto se puede entender en la pintura de André cómo con la luz, éste pone en relación el espacio y la propia historia del arte, estableciendo un diálogo con épocas anteriores y artistas referentes en su ateliê [estudio] y exposiciones a través de sus obras. André aprende las técnicas pictóricas a través de la propia historia del arte, como he comentado con anterioridad, y su producción es propiamente un recorrido por esos diversos periodos históricos-artísticos que le interesan a él.  

Actualmente, André está inmerso en un nuevo proyecto artístico titulado Campo Limpo [campo limpio o libre]. El título hace referencia, por una parte al barrio paulista donde reside, cuyo nombre es Campo Limpo, y además tiene relación directa con la propia pintura en cuanto al espacio y campo pictórico, antes y después del soporte ser intervenido.

Desde el año pasado, el artista ha vuelto a observar el paisaje, esta vez el más próximo a su casa, el que puede observar desde las propias ventanas de su hogar o a través de sus paseos por las ruas [calles] cercanas. Para que nos hagamos una idea, estamos hablando de ese paisaje urbano típico de la periferia de São Paulo, de las conocidas popularmente como favelas, donde la arquitectura es espontánea y las construcciones están realizadas por las propias manos de las personas que habitan allí. Donde, durante el día, los tonos rojizos-naranjas-ocres-marrones de los ladrillos se superponen e intercalan con los grises-blancos-negros del cemento que los une y donde los rectángulos, regulares e irregulares, de los vanos de los tabiques ascienden por las laderas. En cambio, por la noche, toda esa irregularidad se transforma en un manto de luces salpicadas, de intensidades varias, que desciende como un cielo estrellado hasta la rua.

Campo Limpo mezcla y expone todo lo aprendido y experimentado en sus proyectos artísticos anteriores: los paisajes realizados in situ se combinan con los paisajes realizados a través de la memoria. Se trata de una vuelta, un retorno al paisaje propio, exponiendo así su forma de mirar hacia su entorno próximo. La forma o el modo de ver del pintor, como afirma John Berger, “se reconstituye a partir de las marcas que hace sobre el lienzo o el papel. Sin embargo, aunque toda imagen encarga un modo de ver, nuestra percepción o apreciación de una imagen depende también de nuestro propio modo de ver” (Berger, 2000: 16).

Así que, animémonos, probémoslo, aunque sólo sea una vez. Acostumbrémonos a ver, a mirar pausadamente, pero no por ello levemente, y gocemos de los pequeños placeres o las pequeñas felicidades de la vida (del momento, del ahora), al igual que nos animan los poetas-ensayistas-escritores-pintores como Rilke, Hesse o Ernesto Sabato, de esos placeres, próximos o lejanos, como son para mí las obras del pintor brasileño André Ricardo.

 

 

Agradeço a André seu tempo e atenção, e pelas nossas conversas como um rico lugar de formação.

María Dolores Gallego

Artista visual, doctoranda e investigadora en la Universidad de Granada - UGR, España.

Lcda. Bellas Artes y Máster Oficial en Producción e Investigación en Arte por la UGR.

www.mdoloresgallego.blogspot.com

madogamar@hotmail.com

 

 

Referencias

Berger, J. (2000). Modos de ver. Barcelona: Editorial Gustavo Gil.

Calvo Ulloa, A. (2016). André Ricardo: La pintura como punto de encuentro. Como instante detenido. Como luz que se refleja. En: http://www.andrericardo.net.br/untitled-2/angel-calvo-ulloa, 05/05/2017.

Gonçalves Magalhães, A. (2014). A nova pintura paulista: André Ricardo. En: Elemento Vazado – André Ricardo. Ribeirão Preto: MARP – Museu de arte de Ribeirão Preto Manuel-Gismondi, p. 3-6.

Hesse, H. (2007). Pequeñas alegrías: escritos póstumos. Madrid: Alianza Editorial.

Martínez Morales, M. (2017). Un lugar común. El proceso colaborativo desde mi experiencia como a/r/tógrafa. Revista Tercio Creciente, p. 117-130. DOI: 10.17561/rtc.n11.8

Rilke, R. M. (2001). Cartas a um jovem poeta. São Paulo: Editora Globo.

Umberto, E. (2010). As Estéticas da Luz. En: Arte e beleza na estética medieval, traducción de Mario Sabino. Rio de Janeiro: Record, p. 61-70.

 

[i] Web de la Galeria Pilar: http://www.galeriapilar.com/programacao/pt/artista/14

[ii] Web del Addaya Centre d’Art Contemporani: http://www.addaya-art.com/

[iii] Web del artista André Ricardo: http://www.andrericardo.net.br